Una historia que contar
Desde la edad media hasta hoy la cerámica se ha visto condicionada por los diferentes aspectos de la vida cotidiana.
Es probable que la mayor aproximación del hombre al arte haya sido su contacto con la tierra, quizás haya nacido la primera obra de arte de sus propias manos; podría ser un cuenco que imitaba su propia palma y sirviera para contener. Habría nacido entonces el primer artefacto de barro.
Con el paso del tiempo se descubrió que el fuego endurecía la arcilla y sacaba sus colores ocultos.
Vale la pena contemplar una pieza de arcilla o sólo una parte de ella, siempre tendrá una historia que contar.